lunes, 17 de marzo de 2008

A barata

En Brasil la llaman "barata", "baratinha", en el mejor de los casos... ésta era una barata no tan económica, más bien extra large. La encontré a la mañana en mi cocina, casi no la noto de lo rápido que se trasladaba, pero el destino quería que nos encontrásemos. No había lugar para las dos en la cocina. Mi primera reacción fue la no reacción, pensé en esa novela de Clarice donde la narración se produce durante el tiempo en que una cucaracha agoniza (no la leí pero esa idea me pareció zarpada y dada la experiencia que acá relato, debería hacerlo). Con taquicardia y manos temblorosas empecé a darle escobazos (pisarla no era una opción). La muy puta resistía todos mis embates, escapaba y se quedaba haciendo tiempo debajo del sillón, esperando que su suerte cambie. Afortunadamente yo estaba decidida a eliminarla, de lo contrario hubiera tenido que dejar mi casa y volver a la de mis padres con la derrota a cuestas. Estábamos solas en un universo propio, como tal vez sus antepasados habían estado frente a frente con dinosaurios y demás bichos prehistóricos (siempre tan resistentes las guachas). El espíritu de un brontosaurio vino a mí y terminé de aplastarla, tenía que morir ahora porque la escoba se estaba desarmando de tanto golpe poco certero. Logré ponerla patas arriba y previendo resurrecciones no deseadas la bañé con el agua hirviendo que quedaba en la pava. Con guantes de goma y un asco terrible la encerré en una bolsita de coto, que a su vez puse dentro de otra bolsa, ya que mis nervios no hubiesen tolerado una nueva resurrección (me la imaginaba levantando la tapa del tacho de basura y asomándose como si nada)y me quedé parada, sin saber cuál era el próximo paso: había matado y me había deshecho del cuerpo, lo peor ya había pasado.
M. M.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Dona-de-casa

sozinha na minha casa
já arrumei as roupas
e pasei o pano de chao

ñao sei o que me pasa
que pemso coisas loucas
enquanto tomo um chimarrao

M.M.

sábado, 1 de marzo de 2008

Yo y el otro

¿Quién usurpó mis datos personales y los está usando para vivir una vida que no es la suya? Hoy recibí una carta del Racing Club de Avellaneda informando del aumento de la cuota del club. No soy de Racing, nunca pisé esa entidad. Alguien, que dice ser yo, es socio y deberá hacerse cargo de ese aumento.
Mi cuñado me llamó hace un rato, dijo que lo hacía respondiendo a mi llamada de minutos antes. ¿Qué llamada? No toqué el celular desde las 12 hs de hoy. Si esto no es freak... quizá sea mejor no pensar quién está viviendo por mí o siendo yo realmente (¿y yo quién soy, entonces?)
M.M. en momentos de felicidad

miércoles, 30 de enero de 2008

Quem dera...

Eu quero caminar pela praia
com meus pés na água do mar
Eu quero ficar com você na areia
sim nada em que pensar

Que ninguém me procure
nem eu procure ninguém
só a gente e o perfume
das ondas ao romper

María Domecq, de Juan Forn

María Domecq, para mí, fue la confirmación del gran escritor que es Juan Forn. Había leído Nadar de noche, su libro de relatos, con el que me animé a salir un poco del ámbito de la novela. Y no me arrepentí. Por eso no dudé en leer su nuevo libro. Basada en la propia historia de Forn, es una búsqueda azarosa del autor/personaje en el pasado familiar, siguiendo el rastro de su bisabuelo, el general Bustos Domecq, y su posible vinculación con la ópera Madame Buterfly. La intención inicial se transforma cuando Forn entra en coma, víctima de una pancreatitis que lo obliga a modificar sus hábitos, y conoce a María Domecq.
Con una prosa que fluye al ritmo de los variados acontecimientos de esta historia –que es varias en una–, y con el plus de saber algo más de la vida del autor (su profesión, su entorno familiar), la novela no cansa nunca: de la historia del Japón a la Guerra de la Triple Alianza, de la infancia de Forn a su situación actual, va y viene del pasado al presente, sin dejar cabos sueltos.
M.M.

jueves, 3 de enero de 2008

Memorias de una Geisha II

Dejé pasar un subte aunque venía semivacío, y me senté a esperar. Nunca había hecho algo así, me limitaba a que las cosas ocurrieran, sin provocarlas. Pero la atmósfera bajo tierra me daba confianza. Entonces apareciste, con una media sonrisa en los labios, como adivinándolo todo.
Te esperaba y sin embargo me sobresalté. No supe qué decir. ¿Qué se dice cuando está todo dicho? Traté de justificar mi presencia allí: "Voy a una fiesta de disfraces". Era cierto, pero me pareció una mentira. No me acuerdo qué más dije ni que me respondías. Estábamos cerca y el movimiento del vagón era dulce. Imaginé cómo sería un beso, sin animarme a darlo.
El momento pasó y nos depedimos, ya en la calle, con la promesa de un encuentro.
M.M.

miércoles, 2 de enero de 2008

termo puky


você é a minha maçâ minha manhâ


as cores do verâo e da vida