sábado, 26 de abril de 2008

Piedritas

En Parral pasamos nuestro primer tiempo juntos. Empezamos a conocernos, nos vimos las caras a la mañana, nos reímos como bobos y disfrutamos de esa intimidad novedosa.
Ahí me hiciste el primer café, muy fuerte y tibio, sin saber que yo lo tomaba con un plus de leche y caliente al extremo.
Te bancaste mi primer carajeo porque no había galletitas para desayunar… y me banqué que me mandaras a comprarlas, si tanto las quería.
También tuvimos las primeras peleas fuertes, lloramos y nos reconciliamos.
En Parral limpié el baño y te lo inundé… y rompimos la cama, que quedó al ras del suelo, como las orientales.
Me diste las llaves por primera vez, y fui y vine por tu casa como si fuera nuestra.

En Mitre ya éramos una pareja “consolidada”. La magia de los primeros tiempos se había transformado en algo más sólido, pero también más complejo. Y el desafío era mayor (y el ambiente más chico). Justo habíamos encontrado cierta dinámica… y llegó el gordito, desasosegado y pidiendo cariño y atención constantes. Y nos volvimos a adaptar, porque nunca perdimos las ganas de estar juntos.

Y ahora, otra vez, la mudanza. Mucha suerte en Piedritas, puki, va a estar todo bien, como siempre.
TERMO MUCHO